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Goethe
Me encanta esa serie, me encanta la actitud del grupo. Me encanta Gil Grissom. Es alguien que me atrae de un modo psicológico impresionante, me engancha y no puedo dejar de escuchar lo que dice. Es un personaje de televisión, e incluso (sí, amigos) de comics, lo sé… No obstante, como personaje es de los más atractivos que he visto, sin olvidar al carismático Colombo, al que siempre adoré.
El caso es, que poco a poco, conforme más veo actuar a Gil ante las situaciones, las reflexiones y demás actos de ingente esfuerzo mental, descubro que soy, en cierto modo, como él. No quiero caer en la pomposidad que representaría el hecho de decir: “Eh, soy como dios, porque me siento Grissom”, no, desde luego, pero la forma de actuar, pensar o incluso de retraerse, son las mismas salvo alguna diferencia como que a él le encantan las montañas rusas y yo tengo vértigo… Aunque lo que más nos une, quizás, sea nuestro problema auditivo, degenerativo en cualquier caso.
También es cierto, que una de las cosas que más me gustan de la serie CSI, es que se valora más el esfuerzo intelectual, antes que el muscular. No suele verse últimamente.
Cuanto más le veo en acción, más me conozco… Menuda gilipollez, pensará alguno que otro, y tendrá razón.
Para conocerte a ti mismo, primero debes aprender a conocer al resto. Aunque ese alguien sea irreal.
Es curioso dedicarse a coleccionar insectos siendo
un bicho raro… Engroso las listas del aficionado
común a la entomología.

Entro al Silken Puerta Castilla por su puerta giratoria. El lujo me desborda (un servidor está acostumbrado a hostales de mírame y no me toques). En la recepción hay un par de atractivas
muchachas, bañadas en maquillaje y vestidas de uniforme. Me dirijo a ellas. En mi corta andadura reparo en que hay un enchufe vacío a mi derecha, empiezo a jadear y llego a la recepción. Ocultando la baba con el brazo, entro en acción:
MARCOS: Por favor...
Una de las chicas de uniforme me contesta empuñando una dulce sonrisa. La llamaré amistosamente Zorra Nº1.
ZORRA Nº1: Sí, dígame.
MARCOS: A ver... Resulta que me he quedado sin batería, y era una llamada importante. Me preguntaba si podría usar alguno de sus enchufes para poder cargar el móvil. Será sólo un minuto.
Me pongo la cara de perro degollado. Nunca falla.
ZORRA Nº1: Pues... Sí, claro. A ver, dónde hay uno...
Me hago el longuis como buscando, aunque lo tengo calado desde que he entrado. La chica de detrás hace su intervención estelar:
ZORRA Nº2: (Mirándo el rodapié de detrás del mostrador) Por aquí no hay nada...
MARCOS: (Cara de sorpresa) Aquí, aquí hay uno libre.
ZORRA Nº1: Ahí lo tienes.
De entre las sombras emerge la figura de un tipo bonachón, con bigote, edad y barriga abundantes. Le llamaré amistosamente Doberman.
DOBERMAN: (A la Zorra Nº2) ¿Qué quiere?
La chica cuchichea con el viejeras.
MARCOS: (Al Doberman) Sólo buscaba un enchufe. Aquí hay uno. ¿Puedo usarlo?
DOBERMAN: ¿Está usted alojado en el hotel?
MARCOS: No.
DOBERMAN: Entonces no.
MARCOS: Es importante. Y sólo sería un minuto.
DOBERMAN: ¿Está usted alojado?
MARCOS: Que no.
DOBERMAN: No puede usar ese enchufe.
Me quedo de piedra, con el móvil en la mano y junto al mostrador. El capullo en cuestión se da la vuelta y vuelve a las sombras, la Zorra Nº2 se había esfumado previamente y la Nº1 vuelve a sus asuntos. Yo sigo allí, digiriendo el picatoste. La sonrisa de esa chica era simplemente un vago recuerdo, y mientras la observo noto cómo esquiva mi mirada escondiéndo sus sonrojadas mejillas entre los papeles. Salgo de ese cubo de basura.
Cierto es que mis pintas de indígena ruandoso no ayudaban en el conflicto, pero no salía de mi asombro. Aún con el suceso caliente en mi cabeza decido tomar el metro y terminar la llamada en mi casa. No sin antes jurar venganza a ese Doberman, a esas zorras, a la política del Puerta Castilla y a la santísima puta que los parió a todos.
Con la fémina asiática de ojos achinados y la hoja quizá perenne acabada en X puntas con las que se hacen flautas de Hamelin… qué bien me lo paso, cielo santo… sobre todo, si es antes de dormir.
Concilio el sueño, jamás el Vaticano, nunca fui de predicar, tampoco me va ese rollo de ir a la iglesia a rezar.
Explotemos el dulce sonido de esta flauta, una vez más. Prende con tu llama, toma la postura y vámonos a viajar. Píllate una maleta, no hace falta nada más, que esto ahora no hace, ni mucho más ni mucho menos, que simplemente comenzar.
Corren tiempos en los que la gente se atribuye glorias caducas. Tiempos donde los batidos de distintos sabores, ajenos por completo al complot, tiznan el paisaje de negro cobalto. Se insinúan prostituciones, se invierte en viajes, se compran cinturones de castidad, se habla mucho. Pero todo sin descuidar las viejas tradiciones ni las formas. Se exalta la figura del corrupto y se conservan amistades en alcohol, del malo.
Y batalla tras batalla, el enemigo, que eres tú y también de ti mismo, supera sus miedos y se va haciendo con el control de su guerra personal. Aborda el barco con soltura en una maniobra que parecía cuestión de tiempo, mientras su traje va adquiriendo medallas a las que saca brillo tecleando relatos imposibles en los que todo lo que se toca se convierte en oro. Estaba escrito. ¿Y el que es proclamado titiritero del reino por boca ajena pasa a ser el Urdaci de turno? Resplandece en la noche la luz de un móvil al que le sobran contactos.
reposiciones de "Cine de barrio". Pero no había excesivas legañas en mis fosas ojeriles. Era él, the man, con otra ancianosidad de la mano volviendo de conocer algún diagnóstico del hospital. No pude hacer más que andar hacia mi destino con actitud perpleja escondiendo tórpemente la erección. Cuando llegué a la clase conté la anécdota con la emoción que se merece, obteniendo un lamentable "¿y ese quién se supone que es?" en el mejor de los casos. ¿Comunicación audiovisual? Dios santo... ¿No habría sido mejor peluquería? Claro, que no les culpo... Con Parada "Cine de birria" tenía su encanto, ahora con la obejita-Lucero-la-más-bonita-la-que-yo-más-quiero a ver quién es el guapo o la guapa que se traga el chorongo...
No se puede aguantar. Y lo mejor, leyendo un libro de fotografías de Bob Dylan. Oh, sí... Viviendo en Madrid tienes que aceptar que te codeas con lo más alto del cine y la televisión, catetos a babor y chimpancés con chupa a estribor, leidis an llentelmenes de los pies a la cabeza. Por no entrar en el tema Vigalondés, amigos... Salir con orinal de casa, creo que me voy haciendo a la idea...Tras una larga despedida con el resto de amistades, nos dirigimos, previa subida de escaleras, hacia distintos destinos por un camino parecido. Me paro a mirar un curioso desagüe adornado con puentecito que co-presidía la plaza. Iniciamos una conversación a raíz de tener clara la posibilidad de ver niños partirse el cráneo dada la escasa o inexistente seguridad... nada mal como inicio. La charla se vuelve más compleja, fusionando paranoias varias con seriedad y rigor.
Poco a poco vamos notando como el frío con sus “snifs!” resonantes y sus tiriteras dentelleantes, va calando hasta los huesos, pero nos importa poco, joder, estamos hablando. La densidad y el minutaje de la tertulia toman un valor de cierta importancia, tras algún saludo y despedida aislados, decidimos que nos han ganado la Hora y el Tiempo: llega el hasta luego.
Marcha ahora a donde debió llegar hace unas horas, y alegrándome de que no lo hubiera hecho sonrío.
Cazo un cigarro y lo enciendo entre pasos contados. Ella entra en su casa... a mí aún me queda camino que andar.
“Nos vemos en los bares”... rezó mi memoria.
Sin saber que decir o que contar
Sin poder hacer o hablar
Solo poder pensar
Que el tiempo perdido
Jamás podré recuperar…
Sin escuchar lo que hay detrás
Es el destino de este crío
Resignado a la oscuridad
Esos ojos claros que ya no saben brillar. Esos labios que olían a fresa. Ahora son solo un mero recuerdo, y nada más. Esas manos largas, y arañadas hoy mucho más, me saludan con desprecio, ofreciendo solo alegría, y triste verdad…
En un amargo letargo llamado soledad cae el martillo de la esperanza en forma de luz, e inmerso en la áspera oscuridad de las rejas que me impiden respirar, asoma un haz revelador que, confundiendo su naturaleza, en vez de iluminar, actúa ennegreciendo aun más lo imposible que es ya oscurecer la oscuridad, pues si la oscuridad es oscura, con esta luz lo es aún más…
Este calor congela mi corazón
Pero he de estar en calma
O sucumbiré a la tentación…
Ese nombre que me conmueve
Esa risa que no se atreve
Si no te veo en mi alma llueve
En mi pesadilla breve…
La locura del que escribe
El pensamiento del que muere
Esto siempre vive
En el alma del que espere
Con este gesto me despido, dejando como legado los despojos de una corta vida marcada por la desdicha y el odio a la sociedad que se oculta bajo las chinescas sombras de la mal nacida mentira que me quema desde dentro como el ácido…
Esa luz que me ciega
Ese reflejo que me azota
Tu sonrisa se pliega
Y mis ojos explotan…
Tus rojos labios, que nunca a los míos se acercaron; tus claros ojos, que nunca me miraron; tus frágiles manos, que jamás, me tocaron; tus largas piernas que nunca me rodearon…
Extraño la galaxia de universos y mundos que abarcaba el corazón, hecho en falta las horas de ensoñamiento y pajas mentales en las que tonteabas con falsas esperanzas o, si tenías suerte, con alguna que te correspondiera. Este es un mundo frío... en el que no hay sitio para los viejos triunfadores en faenas incontables. No hay salida para esta carrera que he elegido... ¿Cojo otra...?, bah!, paso. Me conformo con lo que vivo: amores que no acaban de cuajar, o royetes que emigran hacia otros labios que ahora no son los míos. Ya llegarán otros, y con algún sentimiento de grado superior, espero.Me esfuerzo por serlo, aunque no lo consigo. ¿El más rápido?, espero que no. ¿El más inteligente?, ojalá. ¿El más friki?, paso. ¿El mejor en qué, entonces?. ¿El más depresivo?, muy lejos quedo de primeros puestos que yacen bajo tierra...
Dudo si merece la pena ser el mejor en algo, destacar, salir del tumulto por medios propios... ¿o acaso pienso esto por consolarme a mi mismo y no sentirme tan triste y decaído? Últimamente me hago demasiadas preguntas. Ahora que lo pienso quizás no sea lo mejor, me conformo con enrolarme en la lista de la gente que intenta mejorar. Crecer y desarrollarme como mejor pueda. ¿Será lo mejor...? Me cago en las preguntas retóricas.
La sociedad de los escaparateros es muy extensa, siempre hay alguien que se presta a mirar alguno por el simple hecho de mirar. Es como buscar un rollete en un botellón, te hartas de mirar, por todos lados, pero al final no te llevas nada a casa. Siempre está el típico colectivo en el que me incluyo, que fantasea con comprarse miles de cosas, a cada euro en el bolsillo, más caro es aquello a comprar... Es algo inevitable, un impulso diría yo. Sin embargo, o por lo menos es lo que a mí me ocurre, siempre que voy a buscar algo que necesito, no está, no queda, o simplemente ni lo miro porque no lo recuerdo. Pero lo curioso es que en mis extensos paseos por la ciudad, y sin intención de comprarlo aún... ¡había! ¿Qué hacen con lo que se quiere comprar?, ¿lo esconden cuando se enteran de que hay alguien que lo quiere?... no lo entiendo. Aunque si el universo que envuelve los escaparates es muy extraño... entrar se vuelve en algo insólito.
¿Quién no ha hecho alguna vez sus veinte minutejos esperando en una cola? ¿Y unas horillas en alguna tienda buscando algún regalo adecuado? ¿A quién no se le ha colado alguna adorable ancianita con la excusa de hacer tan sólo una pregunta y no comprar? Todos sufrimos alguna vez estos percances... y los que nos queden por pasar.
Que disfrutéis al pasear, y si os aburrís por el camino ya sabéis, están ahí para mirarlos... otra cosa es comprar.
Amigos, hagamos este chiringuito algo más interesante para el ojo humano, me he dicho...