Resulta que no suelo decidirme con prisas, a veces las palabras que tardan más en salir de mi boca tienen más lógica, pero no por ello se entienden mejor. Medito innecesariamente lo que no hace falta, adjudico personalidad al desconocido, doy por hecho que la hora de comer es cuando tengo hambre... craso error, pero no por ello me equivoco. Permito excesivamente lo que no hace falta, explico con pasividad al desconocido, hoy echo la hora de comer por la ventana porque no tengo hambre... craso error, pero no por ello acierto.
Resulta que, muy a menudo, me decido sin prisas... elijo tarde. Resulta que, muy a menudo, lo pierdo todo.
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